Centro y periferia
Uno es siempre el centro de su vida, vinculado a múltiples periferias que le rondan cerca o lejos. Esa cualidad de ser el centro de sí mismo es, sin embargo, algo ilusoria o, cuanto menos, paradójica; pues nuestra naturaleza centrípeta salta hecha pedazos cuando comprendemos que, al mismo tiempo, somos también periféricos en la vida de los demás. Periferia y centralidad son, pues, dos puntos en el arco de cualquier biografía, pues somos lo uno e, inevitablemente, lo otro. La centralidad de nuestra vida se puebla de muchas personas que son periferias de mi vida, siendo -para ellos mismos- sujetos tan centrales como yo digo serlo de la mía. Conformamos un mosaico, yo y los otros, cuyas piezas se necesitan y exigen. Los otros, en grado diverso de intensidad, me asisten, me dibujan, me dan valor, me reconocen o pugnan conmigo.